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Taisiia Ivanchik: «Cuando escuché las explosiones, pensé: “la guerra ha comenzado”»

Por: Eduard Ballesteros, alumno del Máster en Periodismo de Viajes presencial 2026

No todos los viajes son idílicos, deseados ni previstos. El día 24 de febrero de 2022 era un día cualquiera. Los niños se preparaban para ir al colegio, los adultos para asistir al trabajo y, como es habitual en invierno, en el cielo de Kyiv se podían observar los veinte colores del gris. Pero ese día estaba destinado a no ser un día cualquiera para millones de personas ni para un país entero: Ucrania. El 24 de febrero, Taisiia Ivanchik (Kyiv, 1991) y su familia emprendieron un viaje que cambió su vida para siempre.

¿Cómo se vivieron los primeros instantes de la invasión rusa de Ucrania?

Los indicios de que una guerra podía comenzar ya los tuvimos desde diciembre de 2021. Algunos ucranianos consideraban la viabilidad de un conflicto armado con Rusia, mientras que otros opinaban que era imposible que una guerra pudiera empezar. Yo creía que la mayoría de las personas en el mundo eran simpáticas, amables e inteligentes. Pero mi mundo se rompió en febrero de 2022, cuando, después del trabajo, vi en redes sociales las declaraciones de [Vladímir] Putin. Él dijo que Ucrania no existe, ya que se trata de un territorio ruso. En ese momento entendí que se avecinaban problemas y también que el mundo no funciona como yo pensaba.

¿Cuándo os planteasteis salir de Ucrania y cómo fue el proceso?

Hablé con Alex, mi pareja, y le comenté que tenía miedo. Decidimos llevar con nosotros solamente lo necesario; es decir, la documentación y una muda de ropa. Al día siguiente buscamos un coche.

Nos desplazamos toda la familia a una ciudad ubicada en el centro de Ucrania, Cherkasy. Tuvimos suerte porque pudimos salir de Kyiv en coche evitando las grandes aglomeraciones, por carreteras poco transitadas y rutas alternativas, hasta que llegamos a Cherkasy. Una amiga que ya vivía en Ripollet me llamó y me expresó su predisposición para recogernos cerca de la frontera con Rumanía, porque la frontera polaca se encontraba abarrotada de ucranianos. El quinto día de estar en Cherkasy, pudimos salir hacia una ciudad ubicada cerca de la frontera con Rumanía, donde nos esperaba mi amiga. Me despedí de mi pareja sin saber cuándo lo volvería a ver.

Encuentro entre Taisiia Ivanchik (con gorro rojo) y su familia con la amiga que los recogió en 2022 (fuente: fotografía cedida por la entrevistada)

La situación de los refugiados ucranianos ha sido uno de los mayores dramas humanitarios de este siglo. ¿Cómo se vivió a nivel general la situación al salir de Ucrania?

Para salir del país se prepararon trenes de evacuación. La situación era caótica. Los trenes estaban saturados de personas y desorganizados; los niños lloraban, los mayores también, no había luz en las estaciones de tren por seguridad…

Algunos ucranianos pensaban que la guerra terminaría pronto. Muchos países desplegaron sus programas para ayudar a los refugiados ucranianos, pero la verdad es que no hay una respuesta única para todos ellos. Cada familia tiene su historia y sus motivos.

“Vi una fotografía de muchos habitantes que intentaban evacuar Kyiv: una calle repleta de coches y gente, sin posibilidad de moverse, sin suministro de gasolina, personas llorando, la ciudad asediada… Había llegado el apocalipsis”

¿Cómo terminaste finalmente en Ripollet y cómo ha sido el proceso de adaptación?

Estresante. En marzo de 2022 comencé a aprender castellano, porque entendí que posiblemente permanecería aquí más de una semana. Mi amiga nos ayudó con los primeros trámites burocráticos.

Mi hijo Yan está bien aquí y ha aprendido dos idiomas. Yo tengo otra situación porque la mitad de mi vida está aquí, y la otra mitad está en Ucrania, con mi marido. Y no se puede estar en dos lugares a la vez. No puedo comenzar aquí una vida normal y tampoco puedo estar allí todo el tiempo. Además, en Ucrania tenía un buen trabajo: era directora de casting. Después lo pierdes todo en un momento y entiendes que tus opciones aquí son pocas. Mi primer año aquí preparé mi currículum. No es fácil cuando tienes estudios y experiencia laboral, pero eres rechazada porque no conoces suficientemente bien el idioma. Tienes que aprender a nadar a contracorriente para todo.

¿Crees que las relaciones familiares y de amistad de los refugiados se han visto afectadas por esta situación?

Los hombres no pueden salir de Ucrania. Muchas mujeres y sus hijos viven ahora como refugiados en otros países. Para mantener las relaciones y ver a nuestros maridos, muchas mujeres realizamos viajes esporádicos a Ucrania. Aunque eso implique permanecer un tiempo bajo amenaza de bombardeos. Somos familia, no podemos comunicarnos solamente con el móvil.

Pero es difícil asimilar esta situación: se están produciendo muchos divorcios. Y nadie puede asegurar cuándo va a terminar todo. Antes yo pensaba que era una persona valiente. Después de 2022 entendí que no era tan valiente como creía. 

“Muchas madres tuvieron que escoger entre la seguridad de sus hijos o mantener la familia unida. Y es una decisión que desgarra el alma”

¿Cómo se puede apoyar a Ucrania desde el extranjero?

Cada persona hace lo que puede: donaciones económicas, ayuda humanitaria… Yo tengo un proyecto con mis amigas para ayudar a los soldados después de la guerra.

Los refugiados ucranianos tienen sus problemas, los ucranianos que viven en el país pueden morir cualquier día; hay militares en la retaguardia y militares en el frente. Nuestro proyecto pretende construir puentes entre todos ellos y entre civiles y militares. Comprender los traumas de los combatientes e intentar apoyarlos en su posterior reinserción en la vida civil.

¿Cuáles crees que son los motivos que empujan a muchos ucranianos a querer regresar a sus hogares cuando la guerra termine?

Fuera de Ucrania no somos nadie. No tenemos raíces ni conocidos, y muchos no hemos aprendido bien los idiomas de los países de acogida… Esto genera inseguridad.

En Ucrania ahora no hay seguridad física, pero sí seguridad en el ámbito social. Aquí siento que soy una refugiada que tiene pocas opciones para vivir, pero la integridad física es muy importante. Aunque el precio a pagar por ello ha sido comenzar de cero.

En España hay más seguridad, pero esta vida es una ilusión. Aquí no hay bombardeos, ¿y ya está? ¿Qué más necesitas en tu vida? Somos personas, no somos solamente un cuerpo que necesita comer y dormir. Tenemos mente, alma, esperanza. En los últimos cuatro años no me he planteado qué es lo que yo quiero, solamente qué puedo hacer para salvaguardar la infancia de mi hijo. Pero yo también quiero vivir.

¿Has seguido las negociaciones para un posible acuerdo de paz? ¿Crees que es posible que la guerra termine?

Los ucranianos no queremos guerra. La mayoría de los soldados son civiles que tenían su vida y sus familias. Ellos no quieren matar a nadie; no era ese su objetivo vital. Y cuando escucho a quienes afirman que necesitamos dialogar y llegar a un acuerdo con los rusos, creo que no entienden que ellos no buscan la paz. Muchos soldados rusos están influenciados por su propaganda; otros eran antiguos presos que fueron liberados para combatir en su ejército. Nosotros luchamos por nuestra vida, y no queremos luchar; queremos paz, disfrutar nuestra vida y cuidar a nuestros niños. Pero no tenemos otras opciones.