Por Santiago Tejedor
El piloto hispano-marroquí Ibra Ettaiek convirtió su participación en el Classics Africa en algo más que una carrera. Después de competir junto a su copiloto Said Ahnana por las pistas de Erfoud y Merzouga, decidió quedarse dos días más en el desierto para acercar el mundo del rally a cerca de un centenar de jóvenes de la región que, por primera vez, dejaron de contemplar los coches desde lejos para descubrir cómo funciona una competición y experimentar qué se siente desde dentro.
En el sureste de Marruecos, el rugido de un coche de rally forma parte del paisaje. En Erfoud, Merzouga y las pequeñas localidades que salpican el desierto, muchos jóvenes oyen llegar los vehículos antes de verlos, siguen con la mirada las nubes de arena y observan desde la distancia un mundo que siempre ha parecido reservado a otros. Este septiembre, sin embargo, ocurrió algo diferente. “Vemos carreras de rally en el desierto, pero nunca pensamos que íbamos a tener la oportunidad de vivir la experiencia”, le confesó uno de los jóvenes a Brahim Ettaiek Laamim, Ibra, después de participar en una iniciativa que consiguió cambiar, al menos durante dos días, su manera de mirar las carreras.
Una carrera que continuó después de la meta
Ibra llegaba a esta experiencia después de participar junto a Said Ahnana y el equipo Be Racing en el Classics Africa, disputado entre el 13 y el 18 de septiembre en la zona de Erfoud y Merzouga. La prueba, incorporada al calendario internacional de la FIVA, reunió a 37 equipos de distintos países para afrontar cinco etapas y cerca de 1.000 kilómetros en los que se combinaron regularidad, navegación y dunas. El resultado fue especialmente significativo para el piloto, que logró la primera posición en la categoría local. “Fue una experiencia especialmente bonita y conseguimos terminar en primera posición en la categoría local, un resultado que nos hizo sentir muy orgullosos”, explica.
Sin embargo, esta vez cruzar la meta no significaba terminar la aventura. Ibra y su equipo habían decidido permanecer dos jornadas más en el desierto para compartir aquello que las carreras les habían enseñado con quienes viven precisamente en los territorios por los que pasan los grandes rallies. “Esta vez la carrera no terminó para mí cuando cruzamos la meta. Lo mejor todavía estaba por llegar”, recuerda.
Dos banderas sobre las dunas
Ibra compite principalmente representando a Marruecos, el país que, según explica, le ha permitido crecer como piloto y convertir el desierto en uno de sus principales escenarios de aprendizaje. España, sin embargo, es también su “segunda casa”, y por eso las dos banderas, la marroquí y la española, aparecen en su vehículo, en su casco y en cada podio. “No como una elección entre una y otra, sino como la representación de dos lugares que forman parte de quién soy”, explica.
Para el piloto, esa doble identidad encuentra en el deporte un espacio natural de encuentro. “Son dos países muy cercanos que, pese a las cuestiones que todavía puedan existir entre ellos, comparten también muchas cosas. Y creo que el deporte puede ser una de esas cosas capaces de acercarnos”, señala. El motor adquiere así un significado que trasciende la competición porque, en sus palabras, “el deporte tiene esa capacidad de cruzar fronteras, juntar a personas que de otro modo quizá nunca se encontrarían y puede convertir un desierto en un punto de encuentro multicultural”.
Lo que ocurre antes de la línea de salida

El rally ha acompañado a Ibra durante buena parte de su vida y, precisamente por eso, conoce bien todo aquello que permanece oculto para quienes únicamente contemplan los coches atravesando el desierto. “Cada carrera comienza mucho antes de que el coche llegue a la línea de salida. Hay horas de preparación, trabajo, concentración y disciplina”, explica. Después llega el momento en el que todo ese esfuerzo se pone a prueba: “Te colocas el casco, cierras la puerta y sabes que todo aquello que has preparado durante semanas va a ponerse a prueba. También están los nervios y, sobre todo, la ilusión”.
Esa parte invisible de las carreras fue precisamente la que Ibra y su equipo quisieron compartir con los jóvenes. Su propósito era explicarles que detrás de la velocidad existen preparación, conocimiento, seguridad, coordinación y un equipo de profesionales que trabaja mucho antes de que el vehículo arranque.
Dos días que nunca habían imaginado
Tras finalizar el Classics Africa, Ibra y su equipo organizaron durante dos jornadas un Go Drive dirigido a cerca de un centenar de jóvenes procedentes de Erfoud, Merzouga y otras localidades próximas. En una región donde las oportunidades son limitadas, contemplar un rally no resulta extraordinario, pero sí lo es poder acercarse a un vehículo, conocer cómo trabaja un equipo y comprender qué ocurre cuando desaparece la espectacularidad de la carrera. “Para nosotros podían ser simplemente dos días de actividades. Para ellos podían ser dos días que nunca habían imaginado vivir. Y esa diferencia es la que más me marcó”, reconoce.
La experiencia comenzó con una parte formativa en la que Said Ahnana explicó el trabajo del copiloto y los secretos del roadbook, una herramienta fundamental para interpretar el recorrido, anticipar las dificultades y afrontar correctamente cada tramo. Ibra, por su parte, habló del oficio del piloto, de su preparación, de sus responsabilidades y de la concentración necesaria detrás de algo que, contemplado desde fuera, puede parecer simplemente conducir muy rápido por el desierto.
Después llegó el momento de acercarse al vehículo y descubrir elementos como el extintor, la rueda de repuesto asegurada mediante cinturones o el equipamiento específico del piloto. Uno de los detalles que más sorprendió a los jóvenes fue descubrir que la ropa de competición está sometida a homologaciones y periodos de validez. “No es una cuestión estética. Estos materiales están diseñados para protegernos en situaciones extremas”, explica Ibra, que insiste en que son precisamente esos pequeños detalles los que ayudan a comprender que “el rally es mucho más que velocidad”.
De espectadores a protagonistas
La experiencia culminó cuando los participantes pudieron subir al vehículo y recorrer las dunas que habían contemplado tantas veces desde fuera. Durante años habían visto pasar los coches por su territorio y, por unas horas, cambiaron su posición ante la carrera para convertirse en protagonistas de aquello que hasta entonces únicamente habían observado desde la distancia.
La iniciativa contó con la colaboración de diferentes entidades. Sparco facilitó equipamiento y gorras para los participantes, mientras que GoPro aportó material audiovisual para que los propios jóvenes pudieran conservar fotografías y vídeos de la experiencia. Xaluca asumió la logística necesaria para reunir a cerca de un centenar de participantes procedentes de distintas localidades en un entorno complejo como el desierto. Para Ibra, sin embargo, el principal recuerdo debía ser otro: “Lo que me gustaría que permaneciera no es una gorra. Es la experiencia”.
El rally es mucho más que velocidad

Ese fue también el principal mensaje que el piloto quiso transmitir durante las jornadas. Desde fuera, explica, un rally puede parecer una competición basada fundamentalmente en acelerar y llegar lo antes posible, pero la realidad dentro del vehículo es mucho más compleja. La velocidad está condicionada por el recorrido, mientras el copiloto interpreta el roadbook, transmite las características del terreno, advierte de los peligros y ayuda a respetar las limitaciones establecidas en determinados tramos.
“Competir exige mucho más que ser rápido. Hay que saber leer, anticiparse, tomar decisiones, interpretar correctamente el terreno, mantener la concentración durante horas y trabajar en equipo. La velocidad es importante, pero entender el recorrido y hacerlo con seguridad lo es más todavía”, explica. Esa dimensión del deporte, vinculada al conocimiento, la responsabilidad y el trabajo colectivo, es precisamente la que quiere continuar acercando a los jóvenes.
Una oportunidad para abrir una puerta
Ibra quiere que la experiencia tenga continuidad y su intención es repetirla con más jóvenes de Erfoud y Merzouga, pero también trasladarla a otros lugares donde el mundo del motor se percibe como algo distante. Su objetivo no consiste únicamente en despertar futuras vocaciones como pilotos, sino en mostrar todos los oficios, conocimientos y posibilidades que existen alrededor de una competición.
“No sé si alguno de aquellos jóvenes acabará siendo piloto. Quizá alguno sea copiloto. Tal vez otro termine convirtiéndose en mecánico o trabajando profesionalmente en el mundo del motor. No lo sé. Pero si alguno descubre una pasión gracias a esta experiencia, para mí ya habrá merecido la pena”, afirma. Para Ibra, el valor de una oportunidad no siempre se mide por sus consecuencias inmediatas, porque “a veces una oportunidad no cambia una vida inmediatamente. A veces simplemente abre una puerta y con eso ya es suficiente”.
El Rallye du Maroc y un sueño llamado Dakar
Después de la experiencia con los jóvenes, las dunas vuelven a convertirse en terreno de competición. El siguiente gran desafío de Ibra es el Rallye du Maroc, cuya 27.ª edición se disputa entre el 28 de septiembre y el 3 de octubre, con salida en Agadir y llegada a Zagora. La prueba constituye la cuarta cita del Campeonato Mundial de Rally-Raid de 2026 y reúne a algunos de los grandes nombres internacionales de la especialidad, en un recorrido que comienza con el prólogo y continúa con cinco etapas cronometradas. Para numerosos equipos, Marruecos representa además uno de los grandes bancos de pruebas antes del Dakar.
Ibra afronta este nuevo desafío con las mismas dos banderas que le han acompañado hasta ahora y con una meta que permanece en el horizonte: disputar algún día el Dakar. “Sé que todavía queda mucho camino. Muchos kilómetros de entrenamiento, muchas horas dentro del coche, muchas carreras, muchos aprendizajes y seguramente muchos momentos difíciles. Pero cada kilómetro cuenta, cada carrera cuenta y cada experiencia cuenta. También estos dos días con aquellos jóvenes”.
Quizá esos dos días expliquen mejor que cualquier clasificación el sentido que Ibra quiere dar a su aventura. Porque en el desierto las metas no siempre están marcadas por una bandera a cuadros ni se miden en minutos y segundos. “Algunas metas no aparecen en una clasificación. Algunas se alcanzan cuando consigues que alguien mire un coche de competición y, por primera vez, no lo vea pasar desde lejos, sino que haya experimentado qué se siente estar dentro de él”.
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